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Con la marcha de las tropas francesas empieza para Chiclana una nueva época de cierta tranquilidad, en la que nuestra ciudad pudo volver a encarar el futuro con optimismo. A partir de 1812, se reanudaron las faenas del campo, se recuperó la actividad vitivinícola, ampliándose los campos de vides. Los caminos y vías de comunicación fueron mejorando, con lo que se volvió a recuperar el comercio de los productos básicos. En 1812, Chiclana tenía alrededor de 7000 habitantes, y al finalizar el siglo, hacia 1900, alcanzó los 10.838
En el siglo XIX se producen grandes transformaciones sociales. Un hecho importante que conviene conocer con más detalle es el que se conoce con el nombre de las desamortizaciones del siglo XIX. En esta época las tierras, muchos edificios importantes, dindero, derechos sobre fincas, recaudación de impuestos, rentas y otros bienes, estaban principalmente en manos del Estado, de la Iglesia y de la nobleza, mientras que el pueblo, la gran mayoría de las personas, sólo tenían para subsistir la fuerza de sus brazos, es decir, su trabajo.
La desamortización de Mendizabal fué un intento, mediante leyes, de que estas riquezas pudiesen cambiar de dueño. Y aunque la intención era que estas riquezas se pudieran repartir mejor, finalmente el resultado no fué el que se esperaba, pues las tierras terminaron en manos de gente adinerada, que eran las que podían comprarlas. En Chiclana, sólo una docena escasa de personas se hicieron con los bienes más importantes sólo a unos pocos ricos que de esta manera se enriquecieron aún más.
No obstante, la importancia de la desamortización está en que una parte importante de la propiedad de la tierra pasa de manos de instituciones del llamado "Antiguo Régimen" (Iglesia y nobleza), a las de una nueva clase social emergente, la burguesía agraria.
También fueron importantes en este siglo las luchas de los trabajadores por mejorar su situación. Recordemos que la mayor parte de la población de Chiclana se dedicaba a la agricultura. De las 1800 personas ocupadas en el año 1837, se dedicaban al campo 1159, es decir, el 65%. Pero los que trabajaban la tierra no la poseían en propiedad, sino que o bien la arrendaban en pequeñas partes a sus propietarios para su explotación, o trabajaban a jornal para los propietarios o arrendadores.
La situación de los trabajadores del campo era muy dura: muchas horas de trabajo (de sol a sol) y jornales de miseria. Para hacernos una idea de las condiciones de vida de los trabajadores, el salario era de 2 reales diarios y el kilo de pan llegó a costar alrededor de 1 real. Hay que tener en cuenta, además, que no todos los dias recibían el salario, pues las posibilidades de trabajar dependían de las lluvias, las sequias, o de la decisión de los propietarios de trabajar o no las tierras. A menudo tenían que recurrir a la caridad o a las ayudas públicas. Algunos estudiosos de la historia de Chiclana, nos cuentan cómo se usaban las ayudas municipales y cómo los propietarios se repartían a los jornaleros ofreciéndoles trabajo a cambio de comida y poco más, intentando con ello evitar que los trabajadores se rebelaran ante esta situación de miseria, injusta porque los bajos salarios beneficiaron a los grandes propietarios, que así acumulaban dinero y tierras.
Los años que van desde 1868 a 1874 constituyen para España un periodo de grandes convulsiones políticas que, lógicamente, repercuten en la vida política de Chiclana. En 1868 se formó nuestra ciudad una Junta Revolucionaria que se oponía al gobierno. Estaba formada principalmente por miembros de la burguesía local, entre los que había propietarios bodegueros. Aunque procuraron que trabajadores y campesinos se unieran a ellos, la intención de esta Junta Revolucionaria no era tanto mejorar la situación de los trabajadores como conseguir algunos derechos como el de libre asociación, de asamblea, de libertad religiosa, el derecho universal al voto y la supresión de algunos impuestos.
La Junta Revolucionaria terminó de manera brusca cuando por orden del Gobierno, en octubre del 68, se obliga al pueblo a formar nuevo Cabildo, elegido a la manera tradicional, es decir, teniendo derecho a votar sólo los más pudientes de cada barrio.


